… I am your father (and I’m proud)

Buenos días excursionistas,

la historia que os traigo hoy ocurrió el 28 de diciembre, pero no la compartí entonces asumiendo que la entenderíais como una inocentada; nada más lejos de la realidad.

Algunos tal vez me hayáis oído decir que los niños, especialmente con esta pandemia, nos están dando lecciones de comportamiento y de civismo a los adultos, y muestras de cómo sobrellevar las extrañas situaciones que estamos viviendo estos casi dos últimos años. La historia que os traigo del 28 de diciembre es un nuevo ejemplo. De ahí el título de esta entrada, de padre orgulloso de sus hijos, pero no como aquel que no ve los defectos de estos y babea por cualquier cosa que hacen su vástagos, sino como aquel que aprende de ellos probablemente más de lo que trata de enseñarles.

Para el 28 de diciembre teníamos entradas compradas hacía meses para un espectáculo de homenaje al circo clásico al que ya habíamos asistido otros años y que comenzaba a convertirse en tradición navideña, y al que por tanto las pequeñas de la casa asistían repletas de ilusión.

A la luz de las cifras de contagios, aumento de incidencia, transmisión comunitaria, etc. asumíamos que alguna medida sanitaria extra se habría tomado para que el espectáculo se desarrollara en condiciones seguras. Nuestra sorpresa fue todo lo contrario. Previa a la carpa de circo donde tendría lugar el espectáculo, otra carpa con gente agolpada, muchos de ellos comiendo sin mascarilla. Dentro de la carpa principal: asientos pegados unos a otros; filas tan próximas la una a la otra que apenas había espacio (al menos en mi caso) para estirar las piernas; movimiento de gente de un lado a otro, algunos pasando literalmente sobre ti para llegar a su sitio, y sin mascarilla porque iban degustando las palomitas de maíz que habían adquirido para el espectáculo; y sobre todo ventilación muy limitada: mucho calor y poco aire.

Mi mujer y yo nos miramos, y coincidimos inmediatamente en que estar allí no era una actitud responsable por nuestra parte después de todos los esfuerzos que se realizan (y realizamos) en otros ámbitos para la no propagación del virus. Hace ya un tiempo compartí un análisis para mostrar numéricamente que la relación entre la incidencia acumulada y el número de personas en un espacio cerrado con las probabilidades de que hubiera positivos en ese área. Dada la incidencia acumulada en nuestra región, que además en general está siendo más alta en los grupos de edad infantil, el número de personas allí congregadas, y la falta de ventilación, las probabilidades de salir de allí con un recuerdo extra eran altas, y por responsabilidad decidimos salir del espectáculo. En la salida lo comentamos con un acomodador, y éste nos puso en contacto con el jefe de sala para intentar buscar una solución; a pesar de sus buenas palabras y amabilidad, nos dijo que solo estaba en su mano sentarnos en otro sitio con espacios vacíos a los lados; creo que no hace falta explicar que la opción ofrecida realmente no ofrecía ninguna solución al problema, así que mantuvimos nuestra decisión a pesar de perder el dinero de las entradas. Cuando le preguntamos al jefe de sala por algún detalle más, nos dijo que la norma a día de hoy no les exigía reducir aforos (24 horas después se ha reducido el aforo al 50% en eventos deportivos en espacios cubiertos) y que ventilaban la sala en el intermedio (nosotros no percibimos una bajada de temperatura por la ventilación entre la sesión anterior y la que iba a comenzar), pero también nos dijo que el tenía indicaciones de llevar doble mascarilla e higienizar manos con toda la frecuencia que pudiera. Le dimos las gracias, nos invitó a unas palomitas de maíz, y salimos.

Pues bien, y aterrizando por fin en el motivo de esta historia, las dos pequeñas de la casa, en ningún momento protestaron por la decisión; no dudaron que la decisión era correcta y que estaban siendo responsables con ellas y con la gente de alrededor; atendieron a las explicaciones que les dimos y las aceptaron con algo de resignación pero sin nada más. Yo he de reconocer que sí estaba más impactado por el resultado de todo. Así que, como iniciaba esta historia: nueva lección de los más pequeños a los mayores: esto es cosa de todos y la solución está en todos y cada uno de nosotros.

Algunas canciones para ilustrar ese orgullo. Enjoy!

(la que ha inspirado el título de esta publicación)
esta algo más «musical»
la primera canción que pensé para ilustrar esto….
y la anterior en una versión «diferente»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s