TRANSITION: chapter XII

La hora del puente sobre aguas turbulentas (las 22h.)…

Aún medio llorando digamos… Eduardo continuó corriendo, sin ninguna dirección en
principio, sin aparente sentido en su inicio, aunque al parecer la mente de “nuestro héroe”
discurría por una lógica diferente y lo condujo atravesando una avenida tras otra, una plaza
después de un cruce, un callejón tras una galería hasta el río que partía la ciudad en dos
mitades. Una vez allí lo guio aceleradamente hacia el Puente de la Libertad (curioso nombre
para el fin que nos acechaba). Digamos… Eduardo, o mejor dicho, la mente de digamos…
Eduardo (ya es hora de que tenga un nombre de verdad. Luis, eso es. ¿Qué les parece?
¿Pero a quién se lo pregunto?). Bueno, pues la mente de Luis llevó al propio Luis al centro del
puente, allí lo hizo subir a la barandilla y mantenerse sobre ella balanceándose sobre sus pies
mientras que el viento, que a esas horas comenzaba a soplar fuerte y frío, limpiaba las lágrimas
de las mejillas y la cara de Luis al mismo tiempo que le insuflaba el valor y la calma necesarias
para…. . Pero no podía ser en otro momento cuando la vida, el azar, la fortuna… se permitiese
el lujo de sorprendernos: a Luis, a mí mismo, e incluso a ustedes (sigo sin saber quiénes son
ustedes). Así es la vida generosa ella, llamó a escena a un personaje ya conocido: digamos…
Julia (sí la misma; la del misterio pequeño y breve). La bella actriz y modelo ante la situación,
corrió hacia donde estaba Luis, y no sin cierto temor y al mismo tiempo la dulzura que la
caracterizaba en su voz le preguntó:

– ¿No te tirarás verdad?.-
Luis la miró con ojos de sorpresa, y aunque en un principio se quedó callado luego le
contestó no sin cierta seriedad y sequedad en su voz:

– ¿Me salvarías?.-

– No con este traje.- Contestó ella con una sonrisa sincera de quien bromea en
momentos de alta tensión en sus labios.- Baja, conozco un sitio aquí cerca muy tranquilo e
íntimo.- Y él como influido por una presencia mágica, descendió de la baranda; tranquilo,
embrujado… ¿quién sabe lo que los ojos y la voz mágica de una mujer pueden llegar a
conseguir?
Así era. Era un local muy agradable. Todo en madera: bancos, mesas, paredes, suelo
y barra; luces bajas que creaban un ambiente muy acogedor y familiar; música que invitaba a
la conversación; para completar la imagen el camarero era un tipo serio pero educado,
simpático y muy cordial que no tuvo ningún reparo en decir cuando vio aparecer a la pareja:

– Lo de siempre para la chica guapa y ¿qué tomará el joven caballero?.-

– Una cerveza bien fría.-

– Enseguida.- Y se fue haciendo un ruido extraño cuando apoyaba su pie izquierdo.

– Supongo que de nada servirá que me disculpe con lo que ocurrió esta mañana ¿me
equivoco?.- Preguntó digamos… Julia intentando crear conversación.

– No, no te equivocas. El que se equivocó fui yo al ver en ti algo que no veía en las
demás.-

– Ni siquiera vas entonces a contarme qué te pasa. Creo que a veces la vida juega a
nuestro favor, prueba de ello es nuestro misterioso encuentro de hace un momento.-

– Nuestro mundo está en proceso, es un mundo inconcluso. Todos tenemos una
misión que desempeñar en él, yo creo que ya desempeñé la mía. Además posee gran cantidad
de cosas buenas, de valores positivos, de hechos que abren a la esperanza; pero, por otra
parte, encierra en sí unos males y contravalores que producen gritos de angustia y
desesperación en muchas de sus gentes. Existen en él males que provienen de su propia
limitación y males que son consecuencia y fruto del mismo quehacer del hombre. Su historia la
estamos escribiendo entre todos; su realidad es generalmente la consecuencia y el efecto de la
acción del hombre, de los que nos precedieron y de los que ahora estamos, que usando el
don de la libertad, como sujetos activos o pacientes, hemos hecho su historia o la estamos
escribiendo.-
– ¿A que viene todo eso? La vida es un regalo precioso, y nos hace falta toda una vida
para aprender a vivir.-

– La vida es la vida. La vida es lo que uno haga de ella, y yo no he hecho nada
precioso de ella. Tampoco me han dado muchas oportunidades.-

– ¿Es que no eres feliz?.-

– La felicidad. La mayor felicidad es no ser feliz. Para ser feliz basta con ser tonto, y
yo creo no tener un pelo de tonto.-

– Eso es lo que tú dices. Claro que eres tonto y mucho. ¿No te das cuenta que para
descubrir quién eres debes persistir? Tienes que vivir.-

– No intentes razonar con el dolor.-
Y se levantó bruscamente tirando la cerveza muy fría sobre la mesa de madera.
Desesperado gritó:

– Ya no aguanto más ¿no puedes entenderlo?.- La magia, el embrujo se habían
esfumado. Ella había perdido y se quedó perpleja al igual que el resto de la clientela que por
allí andaba, bebía, fumaba, charlaba, veía pasar el tiempo…
Gritó tan fuerte y con tal brusquedad que hasta el pianista se vio invadido por su
frustración y transmitió este sentimiento a las delicadas teclas de marfil que produjeron un
ruido reflejo de la desesperación, el llanto contenido, la frustración, etc. que carcomían a Luis
en esos momentos.

– Clink, clank, clonk.- Dejó salir el piano creando un silencio sepulcral que sólo se vio
interrumpido y reforzado por el nuevo portazo de Luis al salir entre gemidos.

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